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POSICIÓN PÚBLICA DE FIDEL CASTRO SOBRE LA DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL EN LA DÉCADA DE 1960.

 

 

 

 

 

 

 

Evidentemente, no se puede escribir la historia a partir de declaraciones de los líderes históricos, si éstos no van acompañados de documentos oficiales, estudios y análisis, que constituyen el meollo de cualquier reconstrucción histórica. No obstante, los discursos públicos sí pueden ayudar a iluminar determinados aspectos históricos, y en ese sentido pensamos que es interesante esta postura pública de Cuba sobre un episodio clave del Movimiento Comunista Internacional.

 


Discurso del 13 de marzo de 1965.

 

 

 

 

Nota aclaratoria: el Comité de Redacción de Radiotirana ha seleccionado algunos fragmentos de discursos de Fidel Castro donde se expresa la opinión pública de la Revolución cubana respecto a la ruptura en curso del Movimiento Comunista Internacional en la década de 1960. En estos textos, Fidel Castro insiste constantemente en la necesidad de poner fin a las divergencias ideológicas y doctrinarias para centrarse en la lucha contra el imperialismo y en la defensa conjunta de Vietnam frente a la criminal agresión armada del imperialismo yanqui, y la necesidad de contar con la unidad de los países socialistas para poder construir el socialismo en los países pequeños como Cuba y Vietnam.

 

POSICIÓN PÚBLICA DE FIDEL CASTRO SOBRE LA DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL EN LA DÉCADA DE 1960.

 

(Extractos)

 


 

Fidel Castro.


 

…Hoy la historia de nuestro país se escribe en los campos de caña, en las fábricas, en los centros de estudio, en el trabajo tesonero y abnegado, y muchas veces anónimo, de miles, de decenas de miles, de cientos de miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo. La escriben los maestros que enseñan en las montañas; la escriben los médicos que salvan vidas en los lugares más apartados del país; la escriben los campesinos trabajando en los lugares más abruptos, donde no llegan apenas las más elementales comodidades de la civilización; la escriben los soldados, que en los puntos de peligro o frente al enemigo montan guardia para defender a su Revolución; la escriben los obreros de los centrales azucareros produciendo millones de toneladas de azúcar; la escriben los cientos de miles de hombres de la ciudad y del campo que, machetazo tras machetazo, gota de sudor tras gota de sudor, van cortando la caña con la que se producen las toneladas de azúcar que proclamamos todos los cubanos con orgullo como victorias de nuestra economía. (…)


 

La Revolución tiene enemigos poderosos, principalmente tiene un enemigo poderoso: el imperialismo yanki. Ese enemigo nos amenaza y nos amenazará durante mucho tiempo. Ese enemigo no se resignará fácilmente —aunque no le quede otro remedio— a los éxitos revolucionarios de nuestro pueblo. Ese enemigo, no aquí, a miles de kilómetros de aquí, ataca a otros pueblos, como lo hace criminalmente contra el pueblo de Viet Nam del Norte y el pueblo revolucionario también de Viet Nam del Sur. Ese enemigo interviene en el Congo; ese enemigo envía sus barcos, sus "marines" y sus aviones a cualquier rincón del mundo; ese enemigo se aprovecha de las divisiones de los revolucionarios, se aprovecha de las divisiones lamentables que existen en el campo socialista. Desgraciadamente, ellos calculan, analizan y aprovechan todo lo que pueda debilitar el frente revolucionario.

Sobre estos problemas que se relacionan con las divisiones y las discordias en el campo socialista —y sobre las cuales no me voy a extender hoy—, sobre las cuales no sabemos siquiera cuándo tengamos que hablar a fondo, porque el problema no es hablar por hablar, el problema es hablar por algo y para algo; ya el problema es hablar cuando de hablar, o de decir, o de expresar se puede derivar algo positivo y útil y no algo únicamente positivo y útil para el imperialismo y para los enemigos de los pueblos.

¡Ojalá no nos tengamos que ver en esas amargas necesidades, porque en materia de hablar se ha hablado bastante y se ha hablado un buen poco más de la cuenta! ¡En materia de discordia, desgraciadamente ha habido bastante y un buen poco más de lo necesario, y un buen poco más de lo conveniente a los intereses de los pueblos y desgraciadamente, útil a los intereses de los enemigos de los pueblos!

Pero nosotros, países pequeños, que no nos asentamos en la fuerza de ejércitos de millones de hombres, que no nos asentamos en la fuerza de un poderío atómico; nosotros, países pequeños —como Viet Nam y como Cuba—, tenemos suficiente instinto para ver con serenidad y para comprender que a nadie más que a nosotros, en situaciones especiales —a 90 millas aquí del imperio yanki, atacados allá por los aviones yankis— nos afectan estas divisiones y estas discordias, que debilitan la fuerza del campo socialista.

No es cuestión de analizar aquí, en el campo de la teoría, en el campo de la filosofía, las cuestiones en litigio, sino tener en cuenta la gran verdad: que frente a un enemigo que ataca, frente a un enemigo cada vez más agresivo, la división no tiene ninguna razón de ser, la división no tiene ningún sentido, la división no tiene ninguna razón. Y en cualquier época de la historia, en cualquier período de la humanidad, desde que surgió el primer revolucionario en el mundo, desde que las revoluciones se hacían como fenómenos sociales en que las masas actuaban instintivamente, hasta que las revoluciones se hicieron conscientes, se hicieron tareas y fenómenos plenamente comprendidos por los pueblos —que tiene lugar cuando el marxismo surge—, la división frente al enemigo no fue nunca estrategia correcta, no fue nunca estrategia revolucionaria, no fue nunca estrategia inteligente.

Y todos nosotros en este proceso revolucionario nos hemos educado, desde el principio, en la idea de que todo lo que dividía debilitaba, de que todo lo que desunía era malo para nuestro pueblo y bueno para el imperialismo. Y las masas de nuestro pueblo comprendieron desde el primer momento la necesidad de la unidad, y la unidad se convirtió en una cuestión esencial para la Revolución, la unidad se convirtió en un clamor de las masas, la unidad se convirtió en una consigna de todo el pueblo. Y nosotros nos preguntamos si los imperialistas han desaparecido, nosotros nos preguntamos si los imperialistas no están atacando a Viet Nam del Norte, nosotros nos preguntamos si allí no están muriendo hombres y mujeres del pueblo. (…)

¿Cuál es en estos instantes la situación? Pues los imperialistas hablando de bloquear con sus barcos, desembarcando sus infantes de marina en Viet Nam del Sur, enviando portaviones, y movilizando masas de aviones para aplastar el movimiento revolucionario en Viet Nam del Sur, para atacar con todos los medios de guerra disponibles a los guerrilleros en Viet Nam del Sur, mientras se reserva el derecho a atacar cuando mejor le parezca a Viet Nam del Norte, a llevar a cabo ese tipo de guerra aérea, sin sacrificio ninguno de su parte, bombardeando con cientos de aviones y luego tomándose el lujo de ir a rescatar en helicóptero a los pilotos de los aviones derribados. ¡Sin duda que los imperialistas quieren un tipo de lucha muy cómoda! ¡Sin duda que los imperialistas quieren un tipo de guerra con solamente pérdidas industriales!; es decir, "tantos aviones perdidos". ¡Sin duda que el pueblo de Viet Nam del Sur y el pueblo de Viet Nam del Norte sufren todo esto! Y lo sufren en sus propias carnes, porque son hombres y mujeres allí los que mueren, tanto en el Sur como en el Norte, víctimas de la metralla y víctimas de los bombardeos yankis.

Y no tienen la menor vacilación en declarar que se proponen seguir llevando a cabo todo aquello, porque ni siquiera los ataques de Viet Nam del Norte han tenido la virtualidad de superar las divisiones en el seno de la familia socialista. ¿Y quién puede dudar que esa división alienta a los imperialistas? ¿Quién puede dudar que un frente unido ante el enemigo imperialista los habría hecho vacilar, los habría hecho pensar más detenidamente antes de lanzar sus ataques aventureros y su intervención cada vez más descarada en aquella parte del mundo? ¿A alguien pueden convencer de eso? ¿Con qué argumento, con qué lógica? ¿Y quiénes son los beneficiados? ¡Los imperialistas! ¿Y quiénes son las víctimas? ¡Los vietnamitas! ¿Y quién sufre? ¡El prestigio del socialismo, el prestigio del movimiento comunista internacional, el movimiento revolucionario internacional! Y eso nos tiene que doler de veras, ¡porque para nosotros movimiento de liberación no es una palabra demagógica, sino una consigna que verdaderamente la hemos sentido siempre!

 

Porque nosotros somos un país pequeño que no aspiramos a convertirnos en el ombligo del mundo; porque nosotros somos un país pequeño que no aspiramos a convertirnos en centro revolucionario del mundo. Y cuando hablamos de estos problemas hablamos con absoluta sinceridad, y hablamos con absoluto desinterés, y hablamos los que no ganamos el poder con las armas en la mano; ¡hablamos en nombre de un pueblo que durante seis años ha resistido inquebrantablemente y sin vacilación alguna las acechanzas y las amenazas del imperialismo! ¡Hablamos en nombre de un pueblo que no vaciló en aras de la fortaleza del movimiento revolucionario, en aras de la fortaleza del campo socialista, y en aras de la firmeza y la determinación de defender la Revolución contra los imperialistas, no vaciló en arriesgar los peligros de la guerra termonuclear, del ataque nuclear contra nosotros, cuando en nuestro país y en nuestro territorio —con pleno y absoluto derecho del cual no hemos renegado, y en acto absolutamente legítimo del cual nunca nos arrepentiremos— estuvimos de acuerdo con la instalación de los proyectiles estratégicos termonucleares en nuestro territorio! Y creo que eso no es un secreto absolutamente para nadie.


 

 

Somos un país y un pueblo, en nombre del cual hablamos, que no recibe créditos yanquis ni alimentos para la paz, y que no tenemos la menor relación con los imperialistas —es decir, que en materia de convicción y sinceridad revolucionarias no nos enseñó nadie, ¡que no nos enseñó nadie!, como nadie enseñó a nuestros libertadores de 1895, de 1868, el camino de la independencia y de la dignidad—, el pueblo de la Primera y de la Segunda Declaración de La Habana, que no copiamos de ningún documento, sino que fue pura expresión del espíritu profundamente revolucionario y altamente internacionalista de nuestro pueblo. (…)


 

 

Y desde luego que tenemos el pleno derecho, el pleno y absoluto derecho —que no creo que nadie se atreva a poner en tela de juicio— a proscribir de nuestro país y del seno de nuestro pueblo tales discordias y tales bizantinas batallas.


 

 

Como ese ha sido el sentir y como ese ha sido el pensamiento de nuestra Revolución, demostrado en cuantas oportunidades ha sido necesario demostrarlo, y demostrado sin vacilaciones de ninguna clase, sin claudicaciones de ninguna índole y sin contradicciones de ningún tipo, es por lo que tenemos el derecho a preguntar —como se tienen que preguntar otros muchos pueblos— a quién benefician estas discordias, sino a nuestros enemigos.


 

 

¡Y es conveniente que se sepa que aquí la propaganda la hace nuestro partido!, ¡que aquí las orientaciones las traza nuestro partido!, ¡que aquí eso es una cuestión que atañe a nuestra jurisdicción! Y que si no queremos que venga aquí la manzana de la discordia, porque no nos da la gana, ¡nadie nos puede traer de contrabando la manzana de la discordia! ¡Y que nuestros enemigos, nuestros enemigos, nuestros únicos enemigos, son los imperialistas yanquis!; ¡nuestra única contradicción insuperable es con el imperialismo yanqui!; ¡el único adversario contra el que estamos dispuestos a quebrar todas las lanzas es el imperialismo!


 

 

Nuestra política sincera ha sido y es la de unir, ¡porque satélites de nadie somos ni seremos jamás! y en todo este problema hemos tenido una posición muy desapasionada, muy honesta y muy sincera. No son estos los tiempos de andar revolviendo papeles y archivos.


 

 

Creo que mientras tengamos al imperialismo delante y atacando, sería ridículo ponernos aquí como en la fábula, a discutir si son galgos o si son podencos, si son de papel o son de hierro. Y los papeles y los archivos y los documentos, dejémoslos a la historia, y que sea la historia quien diga quién actuó bien o mal, quien diga quién tenía o no tenía la razón; que sea la historia quien revele todo lo que de cada cual pensó, todo lo que cada cual hizo, todo lo que cada cual dijo, pero que sea la historia. Porque resulta bochornoso andarnos sacando los “trapos sucios” ante los enemigos, y enemigos que están atacando, y que están atacando no a los más poderosos, sino a los más pequeños y a los más débiles.


 

 

Muchas cosas tenemos que hacer. Muchas y muy difíciles y muy duras tareas tenemos por delante; millones de toneladas de azúcar que cortar para derrotar al bloqueo imperialista, y no se cortan con papeles; se cortan con trabajo, se cortan con sudor, se cortan con machete. Grandes son los peligros que nos acechan, pero no se combaten con las discordias bizantinas, charlatanería académica, ¡no! Se combaten con la firmeza revolucionaria, la entereza revolucionaria, la disposición a combatir. No se combate de manera efectiva al enemigo imperialista en cualquier parte del mundo con los revolucionarios divididos, con los revolucionarios insultándose, con los revolucionarios atacándose, sino con la unidad, con la cohesión en las filas revolucionarias. ¡Y a quienes no crean que esa sea táctica correcta para el movimiento comunista internacional, les decimos que para nosotros aquí, en nuestra pequeña isla, en nuestro territorio, en la primera trinchera, a 90 millas de los imperialistas, sí es la táctica correcta! y a esa manera de pensar ajustaremos nuestra línea y ajustaremos nuestra conducta.


 

http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1965/esp/f130365e.html

 


 



 

Discurso del 13 de marzo de 1966.

 


Fidel Castro.

…(Los vietnamitas) se enfrentan a la criminal guerra imperialista, y se enfrentan a las modernas flotas aéreas de los yankis combatiendo y muriendo diariamente. 

No debería ser así, no debería ser posible que un pequeño país socialista pudiese ser bombardeado impunemente por masas de aviones imperialistas.  Ustedes saben cómo pensamos nosotros.  Ustedes saben que Viet Nam debió convertirse en un cementerio de aviones yankis; que en una lucha convencional, la correlación de fuerzas es absolutamente superior la del campo socialista a la del campo imperialista. 

Creemos que en cuanto comenzó el ataque a Viet Nam debió hacerse un alto en la división dentro del campo socialista. Creemos que la posición debió haber sido: tenemos diferencias, tenemos muchas cosas que discutir, pero frente a la feroz agresión al hermano pueblo vietnamita, hagamos un alto, démosle todo nuestro apoyo de nuestras armas antiaéreas, de nuestras flotas aéreas. 

El único argumento que los pueblos del mundo podrían entender frente a ese problema, frente al hecho cierto del ataque criminal y despiadado del imperialismo yanki al pueblo de Viet Nam, era ese lenguaje: hagamos alto a esta guerra verbal y dejémosla, si se quiere, para luego, pero ante la guerra real, ante los bombardeos de nuestros hermanos vietnamitas, juntemos nuestras fuerzas y en una guerra defensiva sobre los cielos de Viet Nam, defendiendo la soberanía de Viet Nam, destruyamos todos los aviones yankis. Y el campo socialista tiene recursos suficientes para convertir Viet Nam del Norte en un cementerio de aviones yankis. 

No hay que hacer ningún acto ofensivo, no hay que llevar a cabo ninguna acción agresiva, basta brindarle a Viet Nam todo el armamento convencional necesario para la lucha antiaérea, todos los aviones necesarios y esta técnica con todo el personal necesario, y el campo socialista posee medios para barrer de los cielos de Viet Nam del Norte los piratas aviones yankis. 

Admiramos el heroísmo del pueblo vietnamita, ver cómo se enfrenta con sus armas, sus fusiles, sus hombres y sus mujeres, a los aviones agresores. Pero nunca podremos estar de acuerdo y nunca podremos comprender que sea posible, allí en el sudeste de Asia, llevar a cabo ese tipo de guerra bárbara contra un pueblo pequeño del campo socialista como Viet Nam. 

y si se derrota la ofensiva aérea imperialista en Viet Nam del Norte, el pueblo de Viet Nam del Sur no tardará en arrojar de su patria a la soldadesca imperialista. 

La táctica imperialista es clara:  empleo en masa de aviones contra Viet Nam del Norte, empleo en masa de tropas y medios convencionales de combate y, además, medios inhumanos como la guerra química contra el movimiento de Viet Nam del Sur. 

Y esa teoría de que si esta generación no vence vencerá la otra, no la entiende nadie. ¡No! Eso es decir: que se pelee en Viet Nam hasta el último vietnamita.  En todo caso, nosotros creemos que lo correcto sería decir: ¡que se pelee en cualquier país del campo socialista hasta el último soldado socialista!

Los imperialistas agreden a Viet Nam.  No oculto que amenazan con agredir a China. Ahora bien: lo real es que si los imperialistas tienen un encuentro con China, saben  que el pueblo chino puede movilizar decenas de millones de soldados y temen un choque con masas de tropas chinas; los imperialistas temen la guerra convencional con China y temen la guerra atómica con la URSS.  Otro es el caso de los imperialistas con Cuba;  saben que no podemos movilizar millones de soldados, que no poseemos armas atómicas, por eso constantemente sale un desvergonzado cualquiera en Estados Unidos aconsejando la invasión a Cuba.  Nadie aconseja la invasión a China, ¡nadie!  Nadie aconseja la invasión a la URSS. Todos aconsejan la invasión a Cuba.  Por eso digo que los imperialistas temen un choque con China, temen un choque con la URSS; amagan, amenazan, en el fondo lo que desean es el derecho a seguir bombardeando libremente a Viet Nam del Norte. 

Nosotros entendemos que cualquiera que sea el país agredido, si agredido es Viet Nam, si agredida es China, cualesquiera que sean nuestras diferencias con el gobierno y los dirigentes de ese país, nuestra opinión es que en caso de agresión todo el campo socialista debe brindarle apoyo a China si es agredida. 

Esa es nuestra posición de principios, lo mismo si es agredido cualquier país socialista de Europa, lo mismo si es agredida la Unión Soviética. Creemos que la verdadera política de principios es la política de apoyo al país socialista agredido frente a las agresiones imperialistas. Y que la teoría de que si esta generación no gana la guerra la ganará la otra es una teoría derrotista, es una teoría inhumana, y es una teoría cobarde. Y que el principio marxista-leninista e internacionalista es estar dispuesto a luchar, no hasta el último ciudadano del país agredido, sino hasta el último ciudadano del campo socialista. 

Y nosotros, que estamos bastante lejos aquí, y bastante solos, que no tenemos fronteras con ningún país socialista, que no nos podrán mandar nada por ninguna frontera en caso de agresión, que seremos agredidos en el acto si se produce cualquier conflicto grande en cualquier país del mundo, no vacilamos en proclamar que esta es nuestra posición y que esta es nuestra política de principios.  Y no es que se trate de que nosotros queramos que si nos agreden todo el mundo combata por nosotros, porque nosotros si la hora llega de defender esta tierra, no andaremos preguntando quiénes nos van a ayudar, no andaremos preguntando cuántos van a pelear junto a nosotros, ¡porque aunque nosotros nos quedáramos absolutamente solos en esa pelea, pelearemos hasta el último aliento, hasta la última gota de nuestra sangre!

http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1966/esp/f130366e.html

 

 

 

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